La escuela y los dispositivos de disciplinamiento: reflexiones en torno a la noción de cuerpo dócil
La presente ponencia hace parte de un proyecto de investigación más amplio, que indaga sobre el papel del cuerpo en la educación. En especial, se trata de examinar los discursos y las prácticas que se han elaborado sobre el cuerpo, y que han servido de fundamento epistémico a la llamada educación estética. Si bien la investigación centra su reflexión en la manera como actualmente se concibe el cuerpo y la educación estética en las escuelas y colegios colombianos, resulta pertinente, sin embargo, partir de los discursos y prácticas que sobre el cuerpo surgieron con el nacimiento de la institución escolar.
Partimos de la hipótesis de que la educación del cuerpo en la escuela de hoy, sigue obedeciendo en lo fundamental a los mismos objetivos que estableció la escuela desde su nacimiento: disciplinar los cuerpos para que fueran funcionales con el proyecto económico y político que se desarrollaba. Nuestra hipótesis no desconoce que en más de 200 años han cambiado la forma de concebir el cuerpo y la forma de relacionarnos con él, tampoco ignoramos que la escuela se ha trasformado y con ella el papel y lugar de la educación del cuerpo, lo que queremos resaltar es que el disciplinamiento de los cuerpos obedece a una lógica dictada desde fuera de la institución escolar, obedece a las necesidades de la economía y de la política. Por ello asumimos una perspectiva genealógica que nos permita encontrar puntos de ruptura y de continuidad en el tratamiento que se le ha dado al cuerpo como objeto de educación.
Situados en el horizonte descrito, esta ponencia pretende simplemente rastrear los elementos centrales que dieron origen a la institución escolar y con ella al disciplinamiento del cuerpo. Para ello, el trabajo se divide en tres partes: primero, apoyados en Pablo Pineau destacamos que el propósito principal de la institución escolar nunca tuvo que ver con asuntos intelectuales o académicos; segundo, a partir de los conceptos foulcaultianos de “disciplinamiento” y “cuerpo dócil” se muestra que podemos entender la escuela como fábrica que produce, gracias a diferentes tipos de dispositivos, cuerpos funcionales y controlables; tercero, se reflexiona sobre el papel del disciplinamiento del cuerpo en el proceso de la civilización, que entendemos, de acuerdo con Norbert Elias, como el control creciente de las emociones.
1. El nacimiento de la escuela y la disciplina
El educador argentino Pablo Pineau, en su artículo “¿Por qué triunfo la escuela? o la modernidad dijo: ‘Esto es educación’, y la escuela respondió: ‘Yo me ocupo’”, texto que junto con otros dos, también sobre la escuela como proyecto de la modernidad, conforman el libro titulado La escuela como máquina de educar, describe una serie de elementos que son asumidos como las piezas que ensambladas, constituyen la institución que conocemos como escuela. Al destacar y ordenar los rasgos fundamentales de la escuela, Pineau logra hacer comprensible la reorganización del campo pedagógico y lleva a concluir que la constitución de la escuela no es un fenómeno que resulta de la evolución “lógica” y “natural” de la educación, sino de una serie de rupturas y acomodaciones en su devenir, pero que llega a ser la cima de la educación como empresa moderna, y en últimas, deja entrever que el propósito primero de la escuela nunca tuvo que ver con asuntos intelectuales o académicos.
Pineau logra demostrar su tesis —según la cual, la creación de la institución escolar obedeció a intereses ajenos a lo académico— destacando los elementos constitutivos de la institución escolar, los cuales no obedecen a ningún interés epistémico, ni a ningún programa intelectual. Los elementos que destaca Pineau son:
- La homología entre la escolarización y otros procesos educativos: la escuela se opuso y se impuso frente a otras formas educativas, subordinando el resto de las prácticas educativas.
- La matriz eclesiástica: la escuela como separación categórica con el espacio mundano, como caja donde se salvaguarda lo positivo de los ataques negativos del exterior y la expansión de saberes como una forma de dominio.
- La regulación artificial: la escuela hereda del monasterio el dispositivo de encierro institucional y organiza sus costumbres horarias arbitrariamente sin correspondencia con las normas externas.
- El uso específico del espacio y el tiempo: la escuela dosifica el tiempo y discrimina de manera acentuada los espacios para el trabajo y el juego, así como para el docente y el alumno.
- La pertenencia a un sistema mayor: ordenamiento horizontal y vertical con respecto de otras instituciones.
- La condición de fenómeno colectivo: coacción sobre el colectivo sin anular la actuación sobre los individuos particularmente.
- La constitución del campo pedagógico y su reducción a lo escolar: paso del campo pedagógico al campo escolar y de lo escolar a lo curricular que termina en el triunfo de la “racionalidad técnica”.
- La formación de un cuerpo de especialistas dotados de tecnologías específicas: tenencia monopólica de los saberes para comprender, controlar y disciplinar a los alumnos por parte de los maestros.
- El docente como ejemplo de conducta: el docente debe ser un ejemplo físico, biológico, moral, social y epistémico de conducta a seguir por sus alumnos dentro y fuera de la escuela.
- Una especial definición de la infancia: segregación de la infancia y la adultez; se construyó un sujeto pedagógico, el “alumno”, y se asumió la infancia como la etapa educativa por excelencia.
- El establecimiento de una relación inmodificablemente asimétrica entre docente y alumno: desigualdad como única relación posible entre maestro y alumno, siendo el maestro el portador de lo que el alumno carece.
- La generación de dispositivos específicos de disciplinamiento.
La escuela, como lo afirma Pineau, fue y sigue siendo, uno de los sitios más efectivos en la construcción y aplicación de dispositivos de producción de los “cuerpos dóciles”:
“La invención del pupitre, el ordenamiento en filas, la individualización, la asistencia diaria obligada y controlada, la existencia de espacios diferenciados según funciones y sujetos, tarimas, campanas, aparatos psicométricos, tests y evaluaciones, alumnos celadores, centenares de tablas de clasificación en miles de aspectos de alumnos y docentes, etcétera, pueden ser considerados ejemplos de este proceso. Dentro de estos dispositivos merece destacarse la institucionalización de la escuela obligatoria en tanto mecanismo de control social.” (PINEAU, 2003).
Nota del texto original: Pineau destaca en total dieciséis piezas elementales de la institución escolar, pero las cuatro restantes no tienen pertinencia con lo que se quiere mostrar.
2. Los cuerpos dóciles
Haciendo una revisión inicial, se encuentra que los primeros teóricos que concibieron el cuerpo como elemento de estudio e investigación histórica fueron Marcel Mauss, Norbert Elias, Michel de Certeau y Michel Foucault, pero hay una particularidad en este último que tiene que ver con el trato que le da al “cuerpo” en toda su obra.
Foucault como bien es sabido sitúa al cuerpo en una perspectiva desde la que evidentemente este es objeto principal en la pretensión de mostrar, entre otras cosas, “hasta qué punto constituye la forma en que se organiza el conocimiento un reflejo de las estructuras de poder de una sociedad y hasta qué punto responde la definición del hombre, la mente o el cuerpo normal más a una cuestión política que a ‘la verdad’” (Watson 2003 en: Galán, 2009. p. 179).
Así pues Foucault pone de manifiesto las relaciones que hay entre el cuerpo y la historia del poder, en sus propias palabras “el descubrimiento del cuerpo como objeto y blanco de poder” (Foucault, 1976. p. 158), lo que viene a tener una marcada relación con la historia de la educación o, más precisamente, con el papel que históricamente ha tenido el cuerpo dentro de la institución de educación que conocemos como escuela; allí se ubica la pretensión de este texto, estudiar algunos de los aspectos que, en la educación y principalmente en la escuela, ejemplifican lo que para Foucault significa “cuerpo dócil”.
“Los cuerpos dóciles” de Foucault está ubicado dentro del capítulo tres de su muy conocido libro Vigilar y castigar, capítulo titulado DISCIPLINA. En este se habla de un cuerpo que se educa, que se forma, que se manipula; un cuerpo que obedece, el cuerpo de un hombre-máquina, descrito por dos tipos de reconocimiento: el anatomo-metafísico, surgido con Descartes, y el técnico-político, constituido por el conjunto reglamentario de diferentes instituciones, entre ellas la escuela, para corregir y controlar las operaciones del cuerpo, ambas nociones sujetas al principio de “docilidad”, presentando el cuerpo como analizable y dominable.
Antes de abordar las implicaciones con respecto al hombre-máquina, en camino de comprender el concepto de “cuerpo dócil”, es oportuno revisar el concepto de disciplina en Foucault, para lo cual se recurre, en este caso, al Vocabulario de Michel Foucault del filósofo e investigador Edgardo Castro, quien señala que se encuentran, en el autor francés, dos usos diferentes para dicho término, pero evidentemente relacionados entre sí, uno que tiene que ver con el orden del saber y se refiere a la “forma discursiva de control de la producción de nuevos discursos” (Castro, p. 128) y el otro que tiene que ver con el orden del poder y se refiere a “el conjunto de técnicas en virtud de las cuales los sistemas de poder tienen por objetivo y resultado la singularización de los individuos” (Castro, p. 128).
Así pues el concepto de disciplina desde la perspectiva del ejercicio del poder “tiene por objeto los cuerpos y por objetivo su normalización”; por lo tanto esta última concepción de disciplina, se diría que es la que principalmente interesa desarrollar aquí, dado que corresponde con el objetivo principal del texto. Sin embargo, parece importante detenerse un momento en la disciplina desde el orden del saber, pues, como lo hace notar Castro, esta nos permite entrever cómo Foucault concibe las relaciones entre el saber y el poder y la disciplinarización de los saberes:
“La modernidad no es el avance de la luz contra las sombras, del conocimiento contra la ignorancia, sino una historia de combates entre saberes, una lucha por la disciplinarización del conocimiento. (…) En ocasión de las nuevas formas de producción y de las exigencias económicas, se hace necesario ordenar este campo. Se instala, por decirlo de algún modo, una lucha económico-política en torno a los saberes. El Estado intervendrá aquí para disciplinar el conocimiento con cuatro operaciones estratégicas: a) Eliminación y descalificación de los saberes inútiles, económicamente costosos. b) Normalización de los saberes: ajustarlos unos a otros, permitir que se comuniquen entre ellos. c) Clasificación jerárquica: de los más particulares a los más generales. d) Centralización piramidal. Es en esta lucha económico-política en torno a los saberes donde debemos colocar el proyecto de la Enciclopedia y la creación de las grandes escuelas (de minas, de puentes, de caminos). Y es en este proceso de disciplinarización que surge la ciencia (previamente lo que existía eran las ciencias).” (Castro, p. 129)
Volviendo al orden del poder, encontramos la disciplina como fórmula general de dominación, como régimen por medio del que es posible el control y sometimiento del cuerpo, en términos de lo que corresponde a un cuerpo moldeable, pero sobre todo un cuerpo útil, utilizable:
“A estos métodos que permiten el control minucioso de las operaciones del cuerpo, que garantizan la sujeción constante de sus fuerzas y les impone una relación de docilidad-utilidad es a lo que se puede llamar disciplinas”. (Foucault, 1976, p. 159).
Foucault afirma que el momento de las disciplinas como él las plantea, es decir como una anatomía política, es aquel en el que surge un “arte del cuerpo humano” cuya pretensión no se queda, como hasta el momento, en el aumento de sus habilidades, o en el autocontrol, sino que crea una relación de poder en la que se configura el cuerpo tanto más obediente cuanto más útil y a su vez tanto más útil cuanto más obediente, esto es, un cuerpo que haga lo que se desea y opere como se quiere, un cuerpo manipulado que efectúa acciones conforme las condiciones, la velocidad, la eficiencia que se le establezca. Así pues se habla de una fabricación de los cuerpos por medio de las disciplinas.
Bibliografía
Castro, E. (2004). El vocabulario de Michel Foucault: Un recorrido alfabético por sus temas, conceptos y autores. Universidad Nacional de Quilmes.
Elias, N. (1997). El proceso de la civilización. México: Fondo de Cultura Económica.
Foucault, M. (1978). Vigilar y castigar: nacimiento de la prisión. Siglo XXI de España Editores.
Galán Tamés, G. (2009). “Aproximaciones a la historia del cuerpo como objeto de estudio de la disciplina histórica”. Historia y grafía, (33), 167-204.
Pineau, P. (2001). “¿Por qué triunfó la escuela? O la modernidad dijo: Esto es la educación y la escuela respondió: yo me ocupo”. En Pineau et al. (1999), La escuela como máquina de educar. Tres escritos sobre un proyecto de la modernidad. Buenos Aires: Paidós, 27-52.
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